The Moon: cómo ser fiel a uno mismo y a la tradición familiar

The Moon: cómo ser fiel a uno mismo y a la tradición familiar

A veces, una pesada herencia trunca sueños de infancia que son primordiales para nuestra felicidad. Identificar esta verdad puede ser el primer paso para reconectarnos con nosotros mismos.

“De niño yo quería ser pintor, me cuenta un amigo, “pero en mi familia son todos abogados. En mis primeros años, fomentaron y celebraron que aprendiera diversas técnicas artísticas. Luego, llegó una edad en la que me dejaron en claro que no podía distraer mi tiempo en este (para ellos) hobby. De mi pasión yo no podía vivir. Así, cumpliendo con la costumbre de tres generaciones pasadas, me recibí en Derecho y es de lo que vivo hasta hoy. A veces pienso que debería hacerme un espacio para tomar clases nuevamente. Retomar lo que tanto me apasionaba. Pero cuando me acerco a los intentos, me duele la panza. Me pregunto cómo sería mi vida hoy, si hubiera seguido en ese mundo lleno de color”.

Palabras más, palabras menos, cambiando profesiones y pasiones… ¿cuántas historias similares conocemos? Tal como cantaba el Nano Serrat, muchos fuimos aquellos locos bajitos que “cargamos con dioses, idiomas, rencores, frustraciones y el porvenir” de nuestros padres. Que a su vez, cargaron con las de los suyos. No es el caso de todos. Pero puede que este relato te resuene.

Cuando la nueva generación se anima a romper

En 2011, Enrique Casarosa escribió y dirigió para Pixar el hermoso cortometraje The Moon (La Luna). En el contexto de mostrar una creativa y muy poética versión de cómo transcurren las fases lunares, se relata la dinámica de aprendizaje que surge entre tres generaciones de una familia. Dejando un claro mensaje en favor de respetar la individualidad, espontaneidad, frescura y aptitud de Il Bambino, el personaje principal.

 

El corto muestra el “bautismo” del más pequeño, en el especial y mágico oficio familiar. El Abuelo, experimentado tanto en el oficio como en la iniciación de los miembros de la familia claramente disfruta el evento. No pasa lo mismo con el Padre, que se nota visiblemente nervioso por la experiencia que vivirá su hijo. También es su primera vez, en este caso como instructor.

En el mini film, hay un toque de humor en “la lucha” de estilos entre el Abuelo y el Padre ubicando a Il Bambino ante el conflicto de elegir qué forma utilizará en el trabajo de su vida. Tarea no sencilla por el respeto que ambos le despiertan. Una de las grandes bellezas de este corto es que el niño no deja de jugar, ni sorprenderse en cada instancia. Aunque se lo está introduciendo al mundo adulto mediante el acceso al trabajo, el pequeño mantiene la esencia de su infancia.

Cuando acontece un hecho inesperado (la gran estrella nunca antes vista), ni la fuerza, ni la experiencia de los adultos pueden resolver este acontecimiento. Será Il Bambino, quien siguiendo su instinto muñido de su tendencia a la exploración y arrojo (valiosa capacidad de los inexpertos que dan lugar a la innovación) logrará encontrar la acción más adecuada en esta instancia. Lo hace a su manera, con su estilo y herramientas.

La valía y el premio de intentar

Es maravilloso cómo esta pieza artística pone en evidencia la conexión pura de los niños con el entorno. Algo que, tanto en el corto (como en la vida real) los adultos tienden a perder.

El bellísimo final del audiovisual, es el broche definitivo para confirmar el mensaje principal de esta obra: “Se puede desde el amor y cuidado mostrar un camino pero será cada uno el encargado de definir su manera ya que no hay una única forma válida de hacer las cosas”.

Afortunadamente, muchos responsables de guiar vidas logran verlo. Nunca es tarde.

Disfrutá de La Luna

 

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